Cuando el cuerpo habla

Expresar las emociones es un acto liberador, en el que sacamos para afuera todo aquello que está contenido y presionando en nuestro interior.

Genera alivio y desahogo y es el pilar de la comunicación y entendimiento entre los seres humanos.

Por ejemplo, poder llorar y expresarnos cuando estamos angustiados o poder decir que estamos enojados o sentimos miedo. No siempre lo hacemos, a veces por no preocupar; otras, porque pensamos que vamos a herir o porque es un cúmulo de cosas que nos desbordan y no sabemos cómo expresarlo en palabras.

Otras veces, porque estamos viviendo una situación traumática o un estrés sostenido y la emoción no encuentra suficientes barreras o filtros, que eviten que vaya directo al cuerpo.

El poder expresar nuestras emociones por las vías adecuadas: llanto, pensamiento y poner en palabras, de tal forma que logremos ser escuchados, en la búsqueda de ser comprendidos; identificar nuestras emociones, darnos cuenta qué pensamiento las generan, nos lleva al encuentro con nosotros mismos, con nuestros deseos y temores.

Esta es llave para evitar somatizarlas y que aparezcan síntomas físicos.

Mente y cuerpo no están separados, constituyen un organismo. Y lo que pase a nivel psíquico sin duda influye en nuestro cuerpo y viceversa.

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Lo primero es identificar la emoción.

¿Qué siento?

¿En qué parte de mi cuerpo la siento?

¿Por qué surge?

¿Por qué ahora?

Comprender la emoción, asociarla a hechos, situaciones.

¿Para qué surge esta emoción?

¿Es una alerta?

¿Qué me quiere decir esta emoción?

¿Qué me está generando estrés?

Se trata de dar un sentido al síntoma, tiene que ver con reconocer qué emociones se esconden detrás de él y qué pensamientos y situaciones las generan.

La importancia de poner en palabras lo que nos pasa y eso conectado a la emoción que nos atraviesa, evita que aparezcan síntomas físicos o posibles enfermedades psicosomáticas.

Cuando un niño pequeño atraviesa alguna situación estresante o angustiante, esta suele pasar sin filtro al cuerpo, la vive, la siente, pero su psiquis inmadura aún no puede elaborar, asociar emoción a pensamiento y palabra, por lo cual, suele ser su cuerpo quien se expresa.

Lo mismo nos sucede cuando no tramitamos adecuadamente las emociones o una situación estresante nos desborda.

Algunos autores sostienen que el síntoma aparecerá relacionado con nuestras vulnerabilidades físicas y genéticas.

Otros, que el síntoma se presenta como forma simbólica, por ejemplo: un dolor en la garganta representa alguna dificultad en expresarnos verbalmente.

El poder identificar nuestras emociones, darles un sentido asociado a lo que nos puede estar pasando, poner en pensamiento y palabras lo que nos genera malestar o estrés, es la vía perfecta para elaborar situaciones vitales estresantes y el camino hacia nuestra salud integral.

Sara Echeverría

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