Mi nombre es Sara Echeverría. Soy Licenciada en Psicología, Psicoterapeuta, desde hace 20 años. Vivo en Uruguay.

Como forma de presentación, he recibido una propuesta muy interesante, por parte de la creadora de este espacio: Relatar mi experiencia en la primera vez que…

Voy a contarles la primera vez que recibí un paciente. Acababa de recibirme y una colega me avisó que me había derivado un paciente. Mi primera reacción fue quedarme en silencio… ¡Parálisis total! “¿Qué hago?” “¿Lo tomo o no lo tomo?”. Segundos después, decidí dar el primer paso: le dije que sí.

Recuerdo el vértigo, la emoción al prepararme para este primer encuentro. Me vestí sobriamente, eligiendo cuidadosamente cada prenda. No podía olvidar mi cuaderno de notas, elegí mi mejor bolígrafo. ¡Iba a estrenar mi portafolio!

Una vez en el consultorio, al abrir la puerta, allí estaba ella, mi primera paciente, con su sonrisa confiada y mirada expectante, viniendo a desafiar mis cinco años de estudio. Era una mujer bastante mayor que yo y mi fantasía fue que, quizás, no iba a estar a la altura de su experiencia de vida y sabiduría adquirida por su edad.

 ¿Si sentí temor?, Sí sentí que de mí dependía de que esa no fuera la única vez, sino la primera de tantas otras. Hubo más sesiones y pude ir desplegando mis conocimientos, la empatía y construimos el vínculo terapéutico. Luego, fueron llegando a mi consulta, otros pacientes. Yo siempre buscando el apoyo técnico, fortaleciendo la tolerancia a la frustración, la perseverancia, la responsabilidad, la formación permanente y así forjando la tan deseada autoconfianza.

Mi supervisora me dijo algo, entonces, que nunca olvidaría: “No siempre dirás o harás lo más conveniente. Tendrás erroresaprende de ellos, aprende de los pacientes, de ti misma y permítete construirte como psicoterapeuta”.

¿Cuánto hace que no vives una primera vez? 1

La primera vez en algo, se constituye como el puntapié inicial, el primer paso que nos llevará por el camino del aprendizaje y la experiencia.  

Esa primera vez en la que enfrentamos algo, implica definir, tomar decisiones que nos llevarán por nuevos rumbos, por un camino u otro.

Es la primera vez, a diferencia de una única vez, por lo tanto, significa desafiar miedos, angustias y frustraciones, quizás fracasos, dejar que irrumpa lo novedoso, para poder iniciar el camino elegido. 
Daremos pasos firmes, pasos tambaleantes, pasos en falso, tropezaremos y a veces, caeremos, pero hay que seguir avanzando para mejorar nuestro andar. Muchas veces, pediremos que nos alcancen una mano, si es necesario. No siempre podremos solos.

Desde que nacemos, nuestra vida se compone de infinidad de primeras veces: la primera bocanada de aire, la primera mirada al mundo, el primer contacto con otros, los primeros pasos, las primeras caídas. 

De primeras veces, se compone la compleja trama del crecer, del vivir, de nuestros objetivos, logros, frustraciones, expectativas, miedos e ilusiones. Las primeras veces nos sacan de nuestra zona de confort. Se constituyen como constructoras de autoconfianza y confianza en nuestro entorno, nos ponen a prueba y ponen a prueba nuestro saber.

¿Cuánto hace que no vives una primera vez? ¡Atrévete! Confía y da el primer paso; ve hacia lo que has decidido que te hará bien.

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