DECIDO ELEGIR TODOS LOS DÍAS EL CAMINO DEL CORAZÓN

DECIDO ELEGIR TODOS LOS DÍAS EL CAMINO DEL CORAZÓN

¿Por qué ha muerto mi hijo? 

¿Por qué ha muerto mi madre, mi padre, mi hermano/a, mi amigo del alma…? 

¿Por qué me ha tocado a mí? 

¿Por qué me toca vivir todo este sufrimiento? 

Estas preguntas son muy frecuentes cuando nos toca experimentar la muerte de cerca. 

Son preguntas que no tienen respuesta y nos llevan sin duda a un callejón sin salida. Nadie te las puede responder. Queremos entenderlo desde la razón y sobre todo si se trata de una persona joven y más si es tu propio hijo. 

Justo en enero, para ser más precisos el día 24, ha hecho 14 años que a mí me tocó vivir esta situación. 

En este momento que estoy escribiendo y conectando con todo lo que sucedió aquel día, siento como se contrae mi corazón y me cuesta respirar porque mis pensamientos me llevan a recordar todas las emociones de dolor que aquel día tuve que experimentar. 

Aquel 24 de enero del 2009 me rompí en mil pedazos, sentí morirme, no creía en todo lo que estaba sucediendo, era como una película de terror que se estaba filmando en vivo y en directo. 

DECIDO ELEGIR TODOS LOS DÍAS EL CAMINO DEL CORAZÓN 1

Mi hijo era el protagonista y yo uno de los personajes que recibía la peor noticia que una madre puede recibir, la muerte de un hijo. En mi mente y en mi corazón han quedado grabados todas las secuencias de aquel día y de los días sucesivos, uno detrás de otro. 

Todas las personas que a partir de aquel día entraron por mi puerta, todos los abrazos, los lloros, las preguntas, las caras de impotencia, la rabia, la ira, la tristeza… La verdad es que creía morir.

De hecho, durante mucho tiempo mi único pensamiento era que quería marchar de este plano, era igual que tuviera otro hijo, un esposo, hermanos, etc. Ellos estaban allí; sin embargo, mi hijo Adrià, no. 

Él había tenido un accidente de moto y había muerto; ya no podía tocarlo, ni hablar con él, ni hacer nada con él. Todo lo que significaba nuestra relación física había desaparecido. 

La impotencia que sentí fue tremenda, sientes que nunca podrás superarlo, que tu vida se ha acabado y que es imposible volver a vivir. 

Cuando murió mi hijo Adrià sentí intensamente todas las emociones relacionadas con el dolor que me produjo su pérdida. Para mí fueron tiempos dolorosos, imborrables, que son tan míos como el aire que respiro. 

Sin embargo, cuando miro hacia atrás y hago recuento de los años transcurridos, solo puedo dar las gracias por todo el amor que he recibido de cada una de las personas que se han cruzado en mi camino. Todas me han ofrecido regalos, aunque algunos al principio no los entendía y los juzgaba. 

Ahora sé que todo ha formado parte de este proceso de vida y también de mi propia transformación del dolor en amor. Yo no sería la persona que soy ahora. 

Una cosa tengo clara, es que no puedo cambiar un hecho por terrible que sea, sin embargo, sí que puedo elegir como vivirlo. Después de sentir plenamente todas las emociones que comporta el duelo con intensidad, un día decidí escoger, sin ser consciente, los valores del amor y la gratitud, y estos me llevaron a encontrar la paz dentro de mí. 

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Cuando conecté con estos valores, entendí que una de mis misiones era hacer agradable la existencia de mis seres amados, y por supuesto, a mí misma. En estos últimos años me he dado cuenta de que lo único que tenemos es este preciso momento y que hoy sí, mañana no lo sé.

Por eso tenemos que abrazar la vida tal cual, porque nada está en nuestras manos, o quizás sí, hay algo que sí podemos hacer, es decidir vivir en cada momento con consciencia, escogiendo el camino del bien y de la alta vibración. 

Sin duda el dolor hay que vivirlo, pero el sufrimiento es optativo, como decía Buda. Por eso siempre podemos elegir vivir desde el dolor o elegir vivir una nueva vida. 

Desde mi experiencia y después de haber transitado mi propio caminar por el duelo, me atrevo a compartir una lista para escoger entre dos caminos: uno que te conduce a vivir con miedo y dolor, y el otro a crear una vida harmoniosa y llena de amor: 

VIVIR CON RESIGNACIÓN o PONER ACCIÓN EN LA VIDA.

Tengo que vivir el resto de mi vida con este dolor sí o sí, o decido que quiero encontrar la luz y la alegría de vivir sí o sí. 

Encontrar mil excusas para no seguir adelante o decido encontrar una misión de vida que te levante todas las mañanas con ilusión. 

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Escoger estar rodeada de tristeza y escasez amorosa o decido escoger nuevos amigos para experimentar nuevas aventuras relacionadas con la alegría. 

Vivir en el pasado y olvidar que hay personas que te aman y quieren compartir sus alegrías contigo o decido vivir en el presente y disfrutar al máximo de los acontecimientos que la vida te ofrece. 

Vivir desde la depresión, la tristeza, la rabia, la ira, etc., o decido vivir desde los valores de la gratitud, la alta vibración y energía. 

Para mí, elegir el camino “PONER ACCIÓN A LA VIDA” ha supuesto un gran aprendizaje con unos resultados maravillosos que nunca hubiera imaginado y menos hace 14 años. 

Preguntarme “por qué”, no me ayudaba a salir de la oscuridad, ni resignarme tampoco. Lo que me ha permitido ver la luz al final del túnel es ir aceptando la vida tal como es. 

Entender que la muerte forma parte de la vida y que el amor que siento por mi hijo Adrià es eterno. 

De hecho, en mi presente, me gusta decir que la muerte no existe, simplemente es el paso a otra vida y aún afirmaría, después de todas mis experiencias, que la vida después de la muerte es nuestro propio hogar. 

Un amor que somos incapaces de entender o sentir desde la razón. Mis últimas palabras para terminar este artículo van destinadas a mi hijo. 

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Son palabras de una gratitud inmensa por todo lo que me está enseñando desde su ausencia y por ser mi gran maestro. 

También doy las gracias por todo lo que he aprendido como madre, como mujer y como ser espiritual que soy. 

Gracias, gracias, gracias. 

Te amo Adrià. 

¡RECUERDA!

Que la paz, el amor y la gratitud nazcan en nuestro corazón.

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