EL JUICIO DE NUESTRA MENTE

Hoy, a primera hora de la mañana, paseando por el campo con los perros, de repente ha sido como si mis ojos se abrieran maravillados a percibir la belleza y la luz que me rodeaba.

Me he detenido de golpe y he sentido fuertemente el impulso de cerrar los ojos, dejar caer los brazos a lo largo del cuerpo y desear intensamente ser un árbol. Un árbol sin mente, sin pensamiento, sin juicio, para poder sentirme parte de todo y disfrutar del viento, del sol, de la tierra que me acoge, de la vida que me envuelve por todos lados, de los sonidos que me llegan y de la presencia muda de las cosas…

Un árbol vivo para sentir la pura felicidad de ser, de existir y agradecer lo que soy y dónde estoy… Un árbol para poder formar parte de aquella unidad y paz que se estaba manifestando ante mis ojos. ¡Qué maravilloso poder ser de vez en cuando árbol, o montaña, o pájaro… y no tener mente que pueda ensuciar o complicar aquello que uno es, aquello que uno vive!

Saber estar tan quieto y presente, tan enraizado, tan preparado para abrir las ramas al cielo y poder contemplar, en el día que comienza, la belleza de mi vida, de mi ser.

EL JUICIO DE NUESTRA MENTE 1

Saber agradecer aquello que más amo, sentirme amada también y mirar mi vida sin ningún juicio, sin los lentes del juicio que tanto oscurecen el día que me espera…

¡Como si ya supiera el día que me espera! ¡Como si no hubiera ninguna rendija abierta para dejar pasar una nueva posibilidad, una nueva luz, una nueva sonrisa, una nueva caricia, una nueva imagen, una nueva ilusión, una nueva certeza…!

¿Os imagináis pudiéndonos contemplar sin las gafas del juicio constante?

¿Mirándonos adentro sin sentir ninguna voz que nos diga que nos hemos vuelto a equivocar, que no servimos para hacer esto o aquello, que ya hemos vuelto a meter la pata, que todo es nuestra culpa o qué es lo que estamos haciendo con nuestra vida?

Nosotras mismas somos, muchas veces, este juez intratable que no deja pasar un momento sin juzgar ni juzgarnos, esta voz incontenible que a fuerza de escucharla llega un momento que está tan incorporada a nuestro día a día que ya nos la hacemos nuestra y nos acostumbramos a que se meta en todo y juzgue sobre todo y todas. Pero…

¿Qué pasaría si esta voz condenatoria callara de tanto en tanto, hiciera silencio y nos pudiéramos contemplar sin juicio?

¿Si las personas nos pudiéramos mirar dentro de nosotras y ver realmente aquello que somos?

EL JUICIO DE NUESTRA MENTE 2

Este ser que ha venido a vivir la vida que está viviendo con un objetivo que no sabemos cuál es y que tenemos que ir descubriéndolo en nuestro caminar.

Este ser ilusionado que ha venido a recorrer un camino lleno de pistas y enigmas para despejar y reconocer los tesoros escondidos que lo harán crecer y regresar más sabio que cuando llegó.

Este ser que no ha venido a vivir solo, sino que se rodeará de otros seres que, como él, han venido para crecer en el amor y que se harán mutuamente de maestros y de alumnos.

Y todo mediante este personaje físico que representamos, este yo terrenal que no es consciente del ser que realmente es y que aprende en contacto con todas las emociones, sentimientos, sensaciones y situaciones que llegan y se van, que a veces lo arrastran por el suelo y otras veces lo hacen feliz, que se levanta y se cae y lo vuelve a intentar una vez y otra, olvidado de qué es, quién es y del porqué ha venido.

Seguramente, si las personas fuéramos capaces de quitar el juicio de nuestra mente, nos miraríamos a nosotras mismas con ojos de respeto y de amor.

Nos amaríamos de otra manera, mucho más intensa, porque reconoceríamos lo valientes que somos por haber elegido venir, por el hecho de estar vivas y continuar adelante con la voluntad de aprender a ser felices con y a pesar de todas las circunstancias.

EL JUICIO DE NUESTRA MENTE 3

Admiraríamos cada uno de nuestros pasos, incluso los que creíamos equivocados, porque nos daríamos cuenta de que no han sido otra cosa que escalones que nos han impulsado hacia un nivel más elevado de consciencia.

Si nos pudiéramos ver sin el velo del juicio, solamente con las lentes claras de la consciencia, nos amaríamos intensamente, nos abrazaríamos con todo el corazón y nos sacaríamos los pesos inútiles que llevamos encima para hacer más suave y agradecido nuestro camino: iríamos apartando y disminuyendo el peso de la culpa, el lastre del miedo, la presión de tener que ser y hacer lo que no somos ni queremos hacer.

No es fácil sacarnos de encima tantas capas de juicio que llevamos, pero es necesario y apasionante si sentimos la necesidad de amarnos y de avanzar en nuestro propio conocimiento, en nuestra propia libertad y evolución, conscientes que nos han venido impuestas desde épocas pasadas que ya no tocan, que ya no son nuestras.

Es cierto que hay muchas personas en diferentes partes del mundo que no pueden ni plantearse esta opción porque están intentando sobrevivir en su entorno hostil y terrible, pero las personas que estamos aquí, en un entorno que, a pesar de ser complicado, nos permite ser mucho más libres y conscientes de lo que somos, es una tarea que nos corresponde por respeto a ellas, a nosotras mismas y a nuestro mundo.

Es preciso observarnos, reconocernos y amarnos para aprender a amar y respetar la vida que hemos venido a vivir, con todas sus luces y sombras, para poder crecer como los seres de amor infinito que somos.

Dolors Beltran Boixadera

mamaestoyaqui.com

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2 comentarios en «EL JUICIO DE NUESTRA MENTE»

  1. El tema que has desenvolupat avui, Dolors, és clau per poder avançar pel camí del nostre creixement personal i pel camí del nostre desenvolupament espiritual.
    Les nostres fixacions mentals se’ns manifesten en formes de pensaments. I són pensaments recurrents que ens cal caçar i reconèixer. Aquests pensaments, estan relacionats? Que ho fa que es manifestin? Què hi ha al darrere d’aquests pensaments? I són tots aquests pensaments, fruits de les nostres fixacions mentals, els que conformen la nostra imatge de base.
    Totes aquestes fixacions guarden una estreta relació amb la nostra part intel·lectual: Aquesta nostra manera de pensar que ens porta al convenciment natural que «tot és per a mi i, per tant, tot és meu» (la salut, la casa, els fills… la vida).
    La meditació ens ajuda a asserenar la ment i a trobar un equilibri entre la nostra part emocional i la nostra part intel·lectual. Però també ens hi ajuda el contacte amb la naturalesa, la via dels servei als altres, la via de l’agraïment i de l’Amor, la via del guardar la lleialtat envers nosaltres i els altres…
    M’aturo en aquest «guardar la lleialtat”, perquè guardar la lleialtat és preservar, protegir i vigilar que, a l’altra, que a la persona que estimem o amb qui compartim, no li esdevingui res que el perjudiqui. I, a més, aquest preservar, protegir i vigilar ho fem amb consciència i mantenint sempre tot el nostre compromís personal. La lleialtat comporta necessàriament un amor envers a qui hom és lleial. D’aquesta manera, l’únic judici que ens pot sobrevenir és el que ens sobrevé de la part divina que hi ha en nosaltres.
    Lleialtat és reconèixer de pensament paraula i obra que vivim per quelcom molt més gran que nosaltres mateixos i els nostres petits interessos. Quan hom és lleial amb si mateix sap que ja no pot amagar el cap sota l’ala a recer de les seves pròpies commocions personals i que obtindrà la fermesa i el tremp d’esperit per poder contraposar-se a l’embat de les seves fixacions mentals -aquelles veus que ens apareixen i que ens diuen tot el que no som.

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  2. Gràcies, Andreu, per deixar per escrit tot el que t’ha suggerit l’article. M’agrada especialment el punt de lleialtat que hem de guardar envers nosaltres mateixos i els altres i que tan bé apuntes.

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