EL ORDEN Y EL DESORDEN

El concepto de orden y desorden

En el diccionario de la RAE (Real Academia Española), podemos encontrar que el orden se define como la “colocación de las cosas en el lugar que les corresponde” o como “concierto, buena disposición de las cosas.

“Y a su vez define desorden como “Confusión y alteración del orden”.

Cada ser humano es diferente, con distintas prioridades y modos de ver la vida, por lo tanto, lo que funciona y es necesidad para uno no implica, obligatoriamente, que entre dentro del modus vivendi de otros.

Por lo que nunca está de más ejercer la tolerancia y el respeto para con los que se organizan de una manera distinta.

Muchas personas disfrutan del orden lógico de las cosas.

Esto supone tener todo organizado por tamaño, color o cualquier otro criterio en lugares como la habitación, el armario, las estanterías, etc.

Pero esto puede llegar a ser un problema, si la preocupación por el orden es excesiva.

De tal modo que, algunas de estas personas llegan a molestarse e incluso sentir malestar emocional o físico, cuando ven algo fuera de su sitio.

En el otro lado del espectro se encuentran las personas desordenadas, aquellas a quienes realmente no les parece relevante realizar o mantener las cosas bien organizadas.

El desorden puede tener origen tanto en la falta de tiempo como en la falta de ganas o que, simplemente, se considera que existen cosas más importantes que organizar todo de una determinada forma.

Ahora la gran pregunta es, ¿solo existen estas dos realidades? ¿Una persona solo se puede definir como ordenada o como desordenada?

¡Claro que no! De hecho, muchas veces el concepto de orden y de desorden genera ciertas confusiones.

El orden no es sinónimo de limpieza y el desorden no es sinónimo de caos.

“El desorden almuerza con la abundancia,

cena con la pobreza y se acuesta con la muerte”

Benjamín Franklin-

En general, el desorden en los espacios que habitamos es señal de desorganización en nuestro mundo interior.

Permanecer saturado de objetos, significa estar saturado de ideas y proyectos sin resolver.

El desorden lanza un mensaje de confusión interna, falta de estructuración y falta de definición.

Además, los estudiosos del Feng Shui y de prácticas similares, aseguran que el desorden tiene diferentes significados, dependiendo del lugar en donde se acumule.

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Esto es lo que indican al respecto:

• Los objetos amontonados en zonas que están a la entrada de una casa significan un profundo temor a relacionarte con otras personas

• Los amontonados en la cocina o los espacios en donde se preparan alimentos significa fragilidad emocional y resentimiento

• Aquellos amontonados en los armarios significa dificultad para analizar y controlar los sentimientos y emociones

• Los objetos amontonados debajo de los muebles indica que se es muy dependiente de la opinión de los demás y se da gran importancia a las apariencias

• Los que están amontonados detrás de las puertas son una expresión de miedo a ser rechazado por los demás y de la convicción de sentirse vigilado

• Objetos amontonados en el escritorio o el sitio de trabajo significa miedo, frustración y necesidad de control sobre las situaciones

• Objetos desordenados en el garaje implica temor a lo nuevo y falta de destreza para actualizarse

• Los objetos amontonados en los pasillos significan miedo a expresarse, a decir directamente lo que se desea.

• Aquellos amontonados en la sala significa miedo a ser rechazado por la sociedad.

• Los amontonados en el comedor tienen que ver con sentirse controlado por la familia e inseguro de uno mismo

• Por último, los objetos amontonados por toda la casa significan que tenemos ira reprimida y que nos sentimos apáticos y desinteresados por la vida.

Pero más allá del desorden a primera vista está la importancia de observar el porqué de todo ello, como ya hemos dicho en otras ocasiones, “como es adentro es afuera y como es arriba es abajo”.

Tomarse un tiempo para organizar las cosas que tenemos, desechar las que no necesitamos y darle un lugar a aquello que realmente importa, ya sea en los objetos, las emociones, las necesidades, incluso las personas o relaciones.

Crea un plan de acción paso a paso que se ajuste a tu realidad y tus posibilidades.

Define claramente qué quieres hacer, cuándo, dónde y cómo. Una opción es hacerte listas de aquello que quieres conseguir, como lo quieres organizar, para cuando lo quieres terminar, incluso dibujarlo, ver las cosas sobre el papel a veces nos ayuda a visualizar el objetivo y nos puede facilitar la tarea.

SE DICE QUE EL TIEMPO PONE TODO EN SU LUGAR,

PERO EL TIEMPO NO ORDENARÁ TU CASA,

ESO TENDRÁS QUE HACERLO Tú.

VALOR QUE LE DAMOS A LAS COSAS

Aquí os muestro que ocurre con el valor que le damos a las cosas:

  1. Cuando las deseamos (le damos un valor 10)

2-  Cuando las tenemos (le damos un valor 5)

  • Cuando las tenemos, pero las guardamos y no sabemos donde están (le damos un valor 1)

4-  Cuando las perdemos (le damos un valor 12)

Porque así es como funcionamos normalmente, deseamos lo que no tenemos y una vez lo conseguimos le quitamos valor, y ponemos la atención en algo nuevo otra vez.

Estamos en época de cambio de armario así que os animo a realizar este ejercicio:

Cuando saques la ropa, cuando ordenes un cajón, cuando limpies los armarios de cocina, cuando abras los cajones del baño, hazte estas preguntas:

Si las respuestas son: SI (lo guardas) NO (lo das o tiras)

El último año me lo puse (si es que no, probablemente no lo usaras más)

Si lo guardas por los recuerdos que te trae (¿tienes lugar para ello? Los recuerdos están en la mente, no en el armario)

¿Me aporta algo o ni le hago caso?

¿Me puede ser útil para algo?

¿Tengo lugar para esto?

¿Lo uso?

Estoy segura de que te desharás de muchas cosas, y a la vez tendrás menos que ordenar, limpiar y colocar. Convéncete de que limpiar tu lugar es también limpiar tu mente, depurar tu entorno, sanear tu vida.

Decídete a pasar a un nuevo nivel y despójate de los objetos que conforman un entorno en el que nada nuevo tiene cabida. Todas las cosas que no necesitamos y guardamos, ya sea material, mental o espiritualmente son cargas que vas arrastrando.

Despídete de ellas, agradéceles el servicio prestado y a otra cosa mariposa.

No es necesario que tengamos nuestros espacios como impolutos. De hecho, preocuparnos demasiado por el desorden nos resta energía para cosas más importantes y nos vuelve exigentes, huraños y neuróticos.

Lo que sí es importante es poder habitar espacios que nos resulten agradables y fáciles de manejar. Quien procede con orden en lo que piensa, dice y hace, actuará no solo rectamente, sino también con eficacia y eficiencia; obrará con auténtica maestría y vivirá sabiamente.

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1 comentario en «EL ORDEN Y EL DESORDEN»

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