LA IMPORTANCIA DE UN BUEN ADIÓS

Los momentos excepcionales nos quedan grabados a fuego en la memoria. Somos capaces de recordar con todo detalle el nacimiento de un hijo, la boda de un amigo o una primera cita con ese alguien especial. Los recuerdos, sin embargo, no se pueden separar. Nos toca también recordar los días tristes, el día que nos tuvimos que despedir de esa persona que tanto queríamos y que ocupará por siempre un espacio importante dentro de nosotros.

Sabiendo lo crucial que es aquel adiós, tenemos la oportunidad de convertir ese instante de despedida en un recuerdo que nos reconforte. Tenemos claro cómo proceder cuando hay un nacimiento, que podemos planificar con tiempo y que entendemos como una fiesta de bienvenida a la vida. Pero no sabemos tanto como proceder cuando nos encontramos con la muerte, ya sea inesperada o prevista. Si bien la religión está dotada de unos rituales de celebración, a menudo sucede que echamos de menos la personalización o simplemente, aquella ceremonia no va con nosotros o con cómo era la persona fallecida.

En definitiva, no es la despedida «que él hubiera querido». La pandemia nos ha descubierto este vacío laico, la no existencia de un ritual alternativo al religioso y la falta de personalización de los rituales existentes. La muerte es entre nosotros, despidámonos ahora y despidámonos bien. La pandemia ha situado más presente que nunca la muerte en nuestro día a día. Solo durante el año 2020 Cataluña registró cerca de 80.000 defunciones. Esto significa que, en promedio, murieron unas 210 personas al día. Una cifra que representa un 22% más que el año anterior. A la vez, la pandemia también ha imposibilitado despedirse como debería a las familias. Las personas que han muerto afectadas del virus del Covid-19 no han podido disfrutar de un adiós sereno y respetuoso, de una ceremonia adecuada.

A pesar de la excepcionalidad del momento, el que parte merece, sin lugar a duda, una despedida digna y personalizada.

La incertidumbre de la situación no nos debe hacer esperar, porque no sabemos cuánto durará. Es importante poder despedirse bien, no dejarlo para más adelante. Porque por mucho que duelan, si no cerramos las heridas en el momento en que se producen quedarán abiertas y no podrán cicatrizar. La vida sigue mejor si nos podemos despedir bien. Porque hay otra manera de morir, hay otra manera de despedirse. El adiós, un bálsamo.

Debemos poner a disposición de los familiares todas las herramientas que requiere este viaje de vida, sea mediante una liturgia cristiana o laica. En el primer caso, nos complace encargarnos de la preparación de la liturgia, ofreciendo colaboración al sacerdote responsable para que la ceremonia sea especialmente personalizada y adaptada a los requerimientos de cada familia. Asimismo, con nuestra red de colaboradores, todo fluye más bonito y podemos introducir elementos audiovisuales, florales o musicales durante el evento. Cada vez son más las familias que nos piden ayuda en la organización de funerales laicos o civiles.

Se calcula que el reclamo de este tipo de sepelios representa ya un 20% del total. Mi pasión, poner a disposición de los familiares, mi figura como maestro de ceremonias, si así se requiere, así como apoyo emocional a lo largo del proceso o una lista de espacios habilitados para acoger estos eventos, entre otras necesidades que puedan surgir durante el proceso. Como así lo conlleva mi antigua profesión, ayudo también a coordinar las gestiones administrativas post mortem y toda la burocracia administrativa o bancaria que sea necesaria. La llegada inesperada de la muerte se traduce, en muchas ocasiones, en una falta de planificación para este momento tan relevante. Es entonces cuando debo estar al lado de las personas, de las familias, porque es cuando más lo necesitan.

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La despedida merecida.

La despedida son las palabras que queremos dedicarle a esa persona. Es la melodía que nos acompaña en el dolor o la canción favorita de aquel ser querido. La despedida es el espacio que elegimos para decir adiós. Es un punto de inflexión en el sentimiento de duelo o pérdida y nosotros queremos extender la mano y convertir todo ello en un recuerdo más dulce que amargo. Los expertos coinciden en la necesidad humana de materializar el adiós. Realizar un ritual de despedida, una celebración de la vida de cada persona es fundamental a la hora de procesar el sentimiento de duelo y buscar la aceptación. A pesar de las restricciones socio sanitarias, no debemos privarnos de la despedida que merece esa persona. Consciente de los momentos de incertidumbre que nos toca vivir, debo comprometerme a organizar un ritual adaptado no solo a los requerimientos legales sino también internos de la familia. Mis ceremonias personalizadas cumplen con las medidas preventivas y permiten despedir a nuestros seres queridos como ellos hubieran deseado. No debemos renunciar al homenaje que todos merecemos.

¿Qué debemos tener en cuenta para las despedidas en tiempos de pandemia?

Es importante entender que, a pesar de todos los pesares, debemos tener el tiempo y el espacio necesario para despedirnos. Probablemente, habrá muchos seres queridos que también sentirán la misma necesidad de compartir estos momentos con nosotros. Todos ellos también forman parte de este proceso, todo el mundo debe tener su propio espacio en la ceremonia. A lo largo de estos últimos dos años, muchas familias han encontrado dificultades en dar con el espacio adecuado para llevar a cabo su homenaje de vida y nosotros les hemos ayudado a encontrarlo y adecuarlo. Cada detalle cuenta. Cada detalle pasará a formar parte de aquel recuerdo que queremos que sea un primer paso para facilitar el proceso de duelo. Todos merecemos el mejor homenaje de vida, no renunciemos a él porque decir adiós con el corazón es soltar con amor.

Mi humilde persona quiere poner a disposición de las personas, mis conocimientos en acompañamiento en duelo, mi pasión por ayudar y mi aférrima creencia, que una buena despedida ayuda a seguir un camino nuevo de vida sin nuestro ser querido presente.

El dolor de una pérdida no se acepta nunca, pero si se sana, y mi objetivo es empezar esa sanación de la manera más serena y con el máximo amor posible. Y de cómo he llegado a este camino siendo licenciada en Economía, máster en finanzas y 21 años de profesión en entidades financieras, lo dejo para mi próximo artículo en @brillantessensaciones.

Gracias por vuestra confianza en mi persona y en mi labor.

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