MAMÁ, PAPÁ, ¡VAMOS AL PARQUE!

¿Cuántas veces las madres y los padres habremos oído decir esta frase a nuestros hijos? ¿Cuántas veces nos habrán pedido ir al parque? Y ¿cuántas veces se habrán alegrado al decirles si querían ir? Y es que el parque para los niños es un mundo de posibilidades, es un espacio y un momento lleno de beneficios. Seguramente ya los conozcas y es por eso que, los lleves o los hayas llevado tantas veces. Pero si crees que es algo aburrido para ti, que te quita tiempo para otras tareas, que no pasa nada porque no vaya y juegue en casa, quizás no te hagas la idea de lo necesario que es para ellos y ellas.

Te propongo que sigas leyendo para poder explicarte todos estos beneficios de los que te hablo. La vida pasa muy rápido y la infancia vuela y esas experiencias del día a día llenarán sus mochilas de aprendizajes necesarios y, sobre todo, buenos momentos y si son contigo, mucho mejor. Cuando una niña o un niño va al parque se deja llevar por sus propios intereses, experimenta, desconecta, prueba sus límites y posibilidades, se desafía, se siente más libre, conecta consigo mismo y su esencia, socializa y, sobre todo, ¡se divierte!

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Tanto los parques infantiles como los patios de las escuelas son espacios seguros creados para la diversión y el desarrollo de los tres pilares esenciales de la persona: el cognitivo, el físico y el social y no hay nada que pueda suplirlo. Jugar en el parque es mirar por su salud, veamos en cómo se concreta esto:

1. Los niños y las niñas necesitan hacer ejercicio cada día. Estos espacios seguros les invitan a probar y desarrollar sus habilidades físicas: subir al tobogán, trepar, saltar, balancearse, correr… con ello mejoran el equilibrio, la fuerza, la agilidad y la coordinación. Y todo esto les ayudará a quemar calorías y energía y les ayudará a desarrollarse y crecer más sanos.

2. El ser una actividad al aire libre, el aire fresco y la vitamina D que toman de manera natural al estar al sol es esencial para su desarrollo. Además, mientras corren o se mueven se olvidan de pantallas que les absorben tanto y les mantienen parados e inactivos físicamente, cosa que puede llevarlos a perder imaginación y a sufrir sobrepeso.

3. Al estar en contacto con otras personas, desarrollan habilidades sociales: estos espacios públicos y abiertos les permitirán interactuar con niños y niñas de su edad, pero también mayores y más pequeños. Descubren nuevos juegos, nuevas posibilidades, preferencias… Aprenden a seguir normas sociales básicas (y normas concretas de juego), a respetar turnos, a resolver conflictos, trabajar en equipo… Si como adultos nos mantenemos un poco al margen, supervisando, pero desde cierta distancia, aprenden a jugar por ellos mismos, a gestionarse, a buscar maneras de relacionarse y así irán ganando cierta autonomía e independencia tan necesarias para su progreso emocional y social.

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4. Fomentan la creatividad, la curiosidad. Los parques están llenos de estímulos que propician la exploración por parte de los más pequeños. Tienen muchas cosas para observar, descubrir, explorar, experimentar…

5. Aumentan la confianza y la autoestima, ya que van probando sus posibilidades y superando nuevos retos, e incluso sus miedos. Se retan entre ellos y se esfuerzan para superarse. Quién no ha escuchado mil veces: mira mamá/papá, ¡qué alto subo! O ¡mira cómo bajo por el tobogán! Si nosotros estamos ahí presentes, pero, permitiéndoles probar, les ayudamos a ganar seguridad en sí mismos y en sí mismas y a progresar.

6. Los parques son un buen momento y lugar para compartir con nuestras hijas e hijos tiempo de calidad. Cuando son más pequeños, les podemos ayudar, acompañarlos para dar seguridad, investigar con ellas y ellos. De más mayores podemos mirar cómo juegan o ayudarles si surge algún problema.

Es una buena oportunidad para observarlos y disfrutar de su creatividad, espontaneidad e inocencia. Y siempre es un buen momento para jugar con ellos y ellas.

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Aunque sean momentos puntuales seguro que los recordarán. También es un buen momento, cuando ya son más independientes, para que las familias se relacionen, compartan, se “relajen” y desconecten de sus trabajos y recarguen energía para tomar de la mejor manera la última parte del día.

7. Si se mantienen activos durante la tarde, juegan y descargan energía, descansan mejor a la noche. Se dormirán mejor y quizás más pronto y eso también es un beneficio para nosotros, ya que tendremos un rato para poder desconectar y poder descansar y recuperar fuerzas para el día siguiente.

Si con todo esto no te he convencido, te propongo que recurras a tus recuerdos y conectes con tu niña o niño pequeño.

¿Te recuerdas en el parque?  

¿no se te dibuja una sonrisa?

A mí sí, así que cierro artículo y ¡me voy al parque!

Laura González @lecturas_paraelalma_kids

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