No me gusta que mi hijo juegue con muñecas

No me gusta que mi hijo juegue con muñecas

Hablemos del género de las cosas, la identidad y la orientación

¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase de padres y madres preocupados por la orientación sexual de sus hijos?

No me gusta que mi hijo juegue con muñecas 1

Vamos a ver, para empezar los juguetes deberían considerarse neutrales, es decir, no hay juguetes de niños o de niñas, así como tampoco hay colores que les pertenezcan a unos o a otras. L@s niñ@s pasan en su desarrollo psicosexual por diferentes fases, en las que aún no son maduros como para identificarse sexualmente hablando. Comienzan por no saber de ello, continuan dudando de la permanencia de su género, y acaban entendiendo- cuando llegan a ese punto de su desarrollo- que su identidad sexual no cambia. En ese momento, por más que se disfracen con una vestido de princesa, para que nos entendamos, saben que no por ello dejarán de ser un niño, puesto el caso.

Pensar que porque un niño juegue con un juguete considerado “de niña” puede indicar, así, sin más, que la orientación de su deseo va a tomar una dirección hacia la homosexualidad, vendría a ser casi lo mismo que decir, que  porque hable con mi hijo de personas homosexuales le estoy incitando a serlo.

Seguro que hay estudios y estadísticas para el tema. De eso somos todos conscientes. Pero no osaría a decir que los niños que juegan con barbies, que se quieren maquillar y disfrazar de niñas, reinas y demás, independientemente de la edad en la que lo hagan y sin ningún tipo de argumento más al repecto, son “latentes” adultos homosexuales. Tampoco sé si entre los hombres homosexuales hay un más alto porcentaje que entre los heterosexuales,  que de niños efectivamente jugaban con barbies, se querían maquillar y disfrazar de niñas, reinas y demás… Eso sería la situación vista desde el otro lado, y daría lugar a un debate, cuando menos interesante….

Lo que en cualquier caso yo siempre trato de aclarar a los padres y madres en mis charlas, es que traten de diferenciar la identidad sexual de la orientación sexual, porque a día de hoy, y no me lo invento, hay gente que confunde ambos términos. Sin ir más lejos, en un reportaje en la televisión hace un par de semanas….Y sí, soy consciente de que hasta yo me pierdo con las nuevas terminologías. Pero creo que saber qué se siente mi hijo o mi hija- léase hombre, mujer, no binario, etc. – y qué persona le atrae y a la que dirije su deseo- léase heterosexual, homosexual, bisexual, etc.- es básico para entender, no sólo muchas situaciones de discrimimación que sufren las personas que no son estándar, si no la complejidad del proceso de sexuación humano. ¡Tan complicado y a la vez tan simple, si aceptamos que cada cual debería decidir QUIÉN ES y QUIÉN LE GUSTA. ¿No?

Como somos hijos de esta sociedad, nos ha tocado vivirla y comprenderla dentro del contexto y la coyuntura del momento en que vivimos cada uno. Al final muchos reducen la vida a tener las cosas “encajonadas”. Además entender la realidad de otro modo cuesta, es incómodo y rompe nuestros esquemas. Y la gente no quiere aprender nuevas opciones que les hagan replantearse su estructura. Como decía mi profesor muy acertadamente: cuando ya sabíamos todas las respuestas, van y nos cambian las preguntas…y eso nos confunde y nos hace reacios a entender a todo aquel que se sale de “la norma”.

Eso que llamamos

 la COEDUCACIÓN

en las aulas….

El tema del género daría para un extenso debate. Pero el cómo se plantea una sociedad diferenciar a las personas, abrir cajones y poner etiquetas para clasificarlas no es aquí el tema  a discutir: hay y habrá siempre modelos para todos los gustos y colores.

Yo me quedo con el tratar de educar a niños y niñas de la misma manera, osea, como humanos. Evitando de tipificar conductas o actividades como masculinas o femeninas. A ello hace referencia el término COEDUCACIÓN, allí donde se aplica, se entiende como la educación que ofrece las mismas oportunidades a unos y otros, sin tener en cuenta con qué genitales nacieron: nacieron personas y por ello se les da las mismas pautas  de comportamiento, los mismos juguetes,  las mismas indicaciones y posibilidades de desarollo. Que luego cada cual elija lo que le gusta y le hace feliz, sea un camión o una muñeca. Ese sería el concepto.

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En resumen, dejemos que nuestros hijos e hijas sean lo que ellos quieran ser. Que construyan su propia identidad sexual y se enamoren de quien les despierte ese deseo de amar. El objetivo de nuestra educación como padres y madres es para mi el acompañarlos en SU viaje, no el pretender que realicen el nuestro.

FIN

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2 comentarios en «No me gusta que mi hijo juegue con muñecas»

  1. Genial artículo!
    Rompámos ya estereotipos y dejémos ser a cada cuál lo que quiera ser! Si mirásemos más con ojos de niñx veríamos personas y no sexos.
    Por una infancia libre y una crianza respetuosa

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