PASIÓN PERRUNA

¡Quiero ser peluquera de perritos! 

Me dicen algunas personas que no tienen muy claro que hacer con su vida laboral.

Y yo muy orgullosa digo, “mi profesión es mi pasión»

¡Peluquero canino se nace, no se hace! 

Está claro que nunca es tarde para hacer lo que realmente amas; pero tienes que amarlo, porque en esta profesión tan bonita, tienes que dar muchísimo amor. 

¡Todo el amor que tengas! 

¡Todo el amor del mundo! 

Mi vocación por la peluquería canina empezó siendo muy joven, tenía diez años cuando supe que había encontrado mi camino. Parece mentira, que una niña tan pequeña lo tuviese todo tan claro; pero así fue. 

PASIÓN PERRUNA 1

¡No lo tenía claro, lo tenía clarísimo! 

¡Lo deseaba con todas mis fuerzas! 

Cari, así se llamaba mi perrita, era una cachorrita de mestizo, un tanto “espelugniá”, como la llamaba mi padre. 

En su primer baño, al llegar a casa, ya me propuse hacerlo yo, y así ocurrió. Aún recuerdo el taburete que mi padre puso para que me alzase hasta el lavabo porque no llegaba de lo pequeñita que era, y también recuerdo a mi madre gritando: “¡Pepeeeee que es muy chica para hacer esooooo!”. 

Para sorpresa de mi madre, no solo lo hice, sino que me encantó lavar a mi perrita. 

¡Disfruté tanto! 

La dejé preciosa y no veía el momento de volverlo a hacer. 

¡Estaba muy feliz! 

Empecé a cortarle el pelo a la perrita del vecino, al perrito de mis tíos y a todos los perritos que me dejaban. Evidentemente, al principio no lo hacía muy bien, pero poco a poco, con constancia y tesón, fui mejorando y dejándolos cada vez más bonitos. 

Aprovechaba los cumpleaños, reyes y cada oportunidad para pedir tijeras, máquina, cuchillas, cepillos, peines y todo lo que se me ocurría que podría necesitar. 

Amaba lo que hacía y se me daba ¡tan bien! 

PASIÓN PERRUNA 2

¡Me lo pasé genial!

Me sentía genial junto a los perritos y ellos también se sentían genial conmigo. Podía tranquilizar a perritos muy nerviosos, a los que nunca se les había cortado el pelo, a aquellos que desconfiaban e incluso a los más “salvajillos” del pueblo.

Sin duda aquella niña tenía un don. 

El don más bonito y necesario que se puede tener. 

El don de la empatía. 

Desde entonces no dejé de hacer lo que amo. ¡Poner bonitos a los perritos era mi pasión más grande y lo sigue siendo! Lo hacía con muchísimo amor y sin esperar nada a cambio. Nunca pensaba en que pudieran pagarme por ello. De hecho, no me pagaban. 

¡Solo quería estar con los perritos, disfrutar de ellos, pasar un ratito súper agradable y si encima quedaban guapos y limpios, mejor que mejor! 

Hoy en día, con treinta y cinco años, y en Vinyols i els Arcs (Tarragona) a mil kilómetros de mi familia, sigo dedicándome a lo que siempre he amado. Sigo tratando con cariño, amor y respeto a todos los seres vivos de este planeta. 

¡Tengo mi peluquería canina propia, se llama: 

¡PERRO QUE BONIC! 

¡Y soy muy feliz! 

Todo fue llegando sin esperarlo. Atraía todo aquello que daba. Brillaba para mis perritos y todo lo demás brillaba para mí. 

Cada día doy gracias a mis padres por dejar que su niña pequeña expresase lo que sentía. Que confiasen en mí y me animasen a hacer lo que amaba con tanto amor y respeto. Gracias a ellos, a todas las personas que confiaron y a las que siguen confiando en mí.

Si esta experiencia te ha llegado al corazón y estas pasando por la situación de que tu hijo o hija quiere tener la profesión mas insólita que te parezca, déjalo que lo cumpla, todo lo que se hace con pasión y felicidad, nos llena de alegría, y créeme que una vida plena, haciendo lo que mas le gusta, es una vida de éxito asegurado.

 ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! 

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2 comentarios en «PASIÓN PERRUNA»

  1. Awy que ternura, maravilloso lo q haces , y si !! realmente es un don el q tienes.
    Llevamos a nuestros hijos perrunos con alguien especial, q les mima, les cuida, les entiende y encima salen preciosos!!!
    Gracias por ser como eres!!! Te queremos tal cual🥰❤️🐶

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