SER, ESA ES LA CUESTIÓN

Llega Septiembre y con él la vuelta al cole. Se acaba el verano y nos volvemos a poner la ropa de oficina. Quiero comenzar este artículo con una serie de preguntas que me hago relativas a la valía que nos auto-otorgamos y en función de qué lo hacemos. Nuestro autoconcepto. Es decir; la opinión que tenemos de nosotros mismos.

¿Cómo definimos las personas nuestra valía? ¿Qué hace que los demás nos aprecien? ¿Por qué nos apreciamos a nosotros mismos? ¿lo hacemos?¿Por qué se sienten bien los otros con nosotros? ¿Cómo nos sentimos nosotros con sus posibles reacciones? Si sentimos que valemos, ¿es porque damos a los demás? ¿O porque somos nosotros mismos? Si somos nosotros mismos, ¿no valemos? ¿no damos? ¿O damos y por ello somos valiosos?

“Si se ES, se VALE, ergo se DA sin quererlo ni pretenderlo”

Muchas veces, cuando uno no es, da para valer. Para llegar a ser «dando»  en lugar de “siendo” lo que los demás quieren que seamos y no necesariamente lo que nosotros queremos ser.

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A mi parecer, todo comienza dentro y por ello es tan importante que el fuera no cobre más importancia que el crecimiento interior y la fortaleza que cada ser humano es capaz de desarrollar. A partir de ahí el fuera adquiere sentido, y nuestra relación con él será más sana. Que las riendas de nuestra existencia y valía dependan del exterior y su mirada, nos traslada a un lugar donde desaparece el asumir nuestra responsabilidad para con nosotros mismos y para los demás.

Oriente siempre abogó por cultivar el camino del interior y occidente promulga la autosuficiencia. Yo he defendido toda mi vida el punto medio como equilibrio.

La desconexión con el ser le lleva a uno en muchas ocasiones a dar al prójimo, saltándose incluso a sí mismo, en nombre de la caridad. La acción de dar parece a priori altruista y desinteresada. Lamentablemente puede enmascarar una falta de vínculo con la propia esencia, que se rellena con la satisfacción de dar al otro lo que uno no se da a sí mismo. 

El orden de los factores altera aquí ligeramente el producto, pues si uno es fiel a su esencia, se ama, se gusta, se escucha, se descubre en su interior, se desnuda el alma ante sí mismo, se para a oír su corazón, y hace caso de todo ello, además de conseguir desactivar su mente para acallar ruidos y deconstruir constructos, entonces uno ES. 

Y si uno trasciende y consigue SER, su valor ya existe «per se». Si se consigue SER,  ese valor es intrínseco al ser humano, que ha aprendido a saber mirarse para poder mirar a los demás con el mismo amor, atención, cuidado y respeto que a sí mismo. Si no es así, me pregunto ¿que carácter tiene realmente lo que se da? Por aquello de “Ama al prójimo como a ti mismo”….

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CUANDO se ES, se DA, porque la VALÍA está exactamente en el medio. No al final. 

Porque si así fuera, los humanos tendríamos un valor en función de lo que los demás ven de nosotros. Del hecho de dedicarnos a ofrecernos a los demás “a diestro y siniestro” por el goce de sentirnos retroalimentados en pro del bien ajeno.

Pero valemos más que esa mera retroalimentación. No somos mártires. No vinimos a expiar nuestras culpas, ni vinimos a nutrir a los demás sin haber sido antes capaces de ser nutricios con nosotros mismos. Entre otras cosas, es imposible que eso sea saludable así. Se trataría de un autosacrificio que tan sólo constituye la propia privaciónemocional, en muchos casos.

 Yo lo llamaría el rol del «Mártir». Que va más allá de sentirse bien por cuidar de los demás  al adquirir un componente de sacrificio como guión de vida


Pero es que, sepan ustedes, cuando uno sigue la senda de su propia ALMA que le guía, el DAR viene solo, nace sin la necesidad de anunciarlo, surge del corazón y ni siquiera se es consciente de lo que se está dando ni es importante el cumplido recibido por dicha actuación. 

Tampoco se hace balance de lo dado y lo recibido, porque cuando uno es, da sin esperar nada a cambio y sin señalar qué dio y qué se le devolvió. Precisamente muchas personas que se dedican a “cuidar de los demás” y cultivan esa filantropía – olvidándose de sí mismos- son los que más he oído decir, de una manera o de otra,  que no les devuelven lo que ellos dan. Resulta algo paradójico y a la vez sintomático. 

En realidad hay personas que dan aquello que precisamente les falta o ha faltado en su vida. Aquel cuidado y amor que anhelan recibir.

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Quizá una necesidad inconsciente de saberse válido. Una vulnerabilidad no aceptada ni integrada en el ser, disfrazada para construir el sentido y valor de esa existencia que no se ha podido encontrar desde el interior.

 SER es el AMOR.  El amor se es, no se DA.

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