SIMÓN, EL DRAMA DE LA CRISIS MIGRATORIA EN VENEZUELA. HABLAMOS CON DIEGO VICENTINI.

SIMÓN, EL DRAMA DE LA CRISIS MIGRATORIA EN VENEZUELA HABLAMOS CON DIEGO VICENTINI

Empecemos hablando de SIMÓN, la ópera prima del director venezolano Diego Vicentini, por los premios que ha conseguido hasta ahora: ganadora del Premio a la Mejor Película, Mejor Guion, Mejor Director, Mejor Edición, Mejor Fotografía y Mejor Actor de Reparto en el Festival de Cine Venezolano 2023; Premio de la Audiencia en el Festival de Cine de Charlotte 2023 y representante por Venezuela en los 38º, Premios Goya.

¿Por qué hago esta introducción? Porque la gestación como la trayectoria que está llevando la película es como un pequeño milagro. Entrevistando a su director Diego Vicentini y a su Productor ejecutivo Gabriel Sanz uno se da cuenta de que la lucha del pueblo venezolano impregna cada uno de sus fotogramas. Creo que la historia de cómo se gestó, como se rodó y como una vez realizada se la acompañó a diferentes festivales es otro gran guion de película.

Les invito a que lean la entrevista y descubran como una película que critica abiertamente al régimen venezolano fue capaz de ganar el primer premio en el Festival de cine Venezolano y representar a su país en los premios Goya.

Pero Simón es mucho más que una película que nos habla sobre las revueltas habidas en Venezuela en el 2017 y en las torturas que se realizan en ese país, es una reflexión sobre la culpa, una reflexión de todo aquello que no hemos aportado desde el exilio, pensar que podríamos hacer más por las personas que se han quedado en el país, pensar que los hemos olvidado.

Diego Vicentini ha conseguido que su película tenga alma, la ha despojado de los elementos que podrían hacer de ella tan solo un film con un tema muy sombrío para hacer de ella una película universal donde los sentimientos más íntimos surgen por cada uno de sus fotogramas.

Diego ha estudiado con maestría la forma de que nos identifiquemos con Simón y de que participemos en todas sus luchas. Maneja los diferentes tempos y texturas del film con una caligrafía exigente que consigue que fluyan las imágenes en el espectador haciendo que por un momento deseara coger una piedra y acompañar a Simón en su lucha desigual…

NEXUS: Hablamos con Diego Vicentini sobre su película Simón. Pocas películas venezolanas con la carga política que contiene la tuya hemos visto últimamente, quizás “Érase una vez en Venezuela”

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DIEGO VICENTINI: Si he visto el documental, ese es el que yo recuerdo, pero pocas películas venezolanas están tratando esta realidad del país con esta temática, creo que la razón por la cual no ha habido antes es sencillamente porque creo que nadie mas que él puede hacer una película así.

NEXUS: ¿Cuál fue tu camino hasta llegar al convencimiento de que Simón debía ser tu primera película? Sobre todo, sabiendo los problemas que te iba a suponer en Venezuela realizar una historia como esta

DIEGO VICENTINI: ¿Cuántos venezolanos están fuera del país? Los cineastas que llegan a tener la oportunidad de hacer una película como esta se va reduciendo muy poco a poco. También las películas tardan mucho tiempo en hacerse. Me imagino que vendrán más películas de lo que nos ha ocurrido en los últimos 20 años. Primero saldrán las novelas, poemas, pinturas, documentales, y por último será el cine porque el costo de realizarla es muy superior. No me cabe duda de que vendrán muchas más películas con esta temática.

NEXUS: ¿Cómo has logrado financiar esta película? Porque supongo que es muy difícil levantar un proyecto como este en el cual hay una clara denuncia hacia el régimen venezolano

DIEGO VICENTINI: Es como casi un arma de doble filo porque al proponer el proyecto mucha gente se alejó comenzando con el tema del financiamiento, “Tenemos una empresa en Venezuela y no queremos que nos cierren la empresa, sale nuestro nombre y tenemos familia que no deseamos que persigan en Venezuela”, hasta hubo actores que se salieron del mismo porque no querían involucrarse, que incluso nos pidieron que no pusiéramos su nombre porque tenían miedo. Pero también la temática fue la que impulsó a otras personas que nos decían que deseaban apoyarlo, querían ayudarnos porque pensaban que era una manera de luchar por la libertad de nuestro país. El miedo de algunas personas también fue la motivación de otras para apostar por este proyecto.

NEXUS: Gabriel, como productor ejecutivo ¿En qué momento entraste en el proyecto? ¿Sopesaste los pros y los contras con una película tan arriesgada?

GABRIEL SANZ: Mi primo Jorge González y yo habíamos fundado una compañía llamada Black Hole Enterprise con la que hemos realizado documentales que han tenido cierto éxito y han sido galardonados con varios premios, incluyendo reconocimientos por los Emmy. En ese momento comenzamos la búsqueda de hacer un largometraje. Y un día nos llegó la propuesta de Diego “Simón”.

Al principio mi respuesta fue un no rotundo a este tipo de proyecto. Sí, se trataba de Venezuela y yo como Venezolano quiero olvidar un poco todo y dejarlo atrás para enfocarme hacia un nuevo camino. Y con esas ideas que tenía, no quería estar en este proyecto.

NEXUS: El guion está enfocado desde varios prismas, pero hay uno que envuelve toda la historia, ese es el prisma de la culpabilidad

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DIEGO VICENTINI: Ahí es desde donde se gestó todo este proyecto, desde ese sentimiento de culpabilidad hacia mi país, hacia mi gente, hacia los míos. Yo me fui a los 15 años de Venezuela por decisión de la familia. Mientras estaba estudiando cine en Los Ángeles en el 2017 viví a través de redes sociales las grandes protestas que tuvo Venezuela durante más de 100 días consecutivos, en ese momento mataron a muchos jóvenes, cada día leías al amanecer que habían asesinado a un joven de 19 años pero seguidamente yo iba a una clase a hablar sobre Hitchcock.

Era esa culpa que tenía dentro de mí, por circunstancias de la vida mi generación estaba allí, en la calle, enfrentándose a tanques y escopetas mientras yo estaba aquí, sano y salvo en Los Ángeles. Eso me generaba como una culpa enorme, porque yo no estaba allí físicamente contribuyendo, aportando nada a esa lucha, entonces pensé que la única manera de luchar era utilizando el cine como esa piedra que yo no llegué a tirar en la calle, mi manera de contribuir debía ser esta película Simón.

NEXUS: ¿Te da la sensación de que hay varias generaciones perdidas en Venezuela?

DIEGO VICENTINI: Es así, son 24 años, yo tengo 29 años y es el único gobierno que he conocido, o sea, no sé lo que es tener un país libre. Y sí, ya son generaciones, muchas generaciones. Me pasa ahora en los cines foros, que de repente se me acerca alguien de 45 años y me comenta “fui de la generación de estudiantes del 2007 y también pasé por eso” y escuchar lo mismo por un venezolano de 45 años, a uno de 28 años y ahora mismo por alguien de 22 años impacta, estamos ante la misma historia de lucha dos décadas después es algo lamentable.

NEXUS: ¿Por qué le das a la película la perspectiva desde el exilio?

DIEGO VICENTINI: Es como un foco y más bien es la perspectiva principal de la película, de ver a tu país desde afuera, y por supuesto, esa es como la perspectiva con la que más me identifico yo. He vivido todo lo más duro en Venezuela viéndolo desde lejos y creo que esa carga emocional está bastante presente en la película. Quizás eso es lo más que hay de mí en el personaje o en la historia, el observar desde lejos y sentir esa angustia, esa responsabilidad de querer hacer algo y a la vez sentirte lejos y que no estás participando. Somos 8 millones de venezolanos que hemos tenido que salir del país, eso es el 25% de nuestra población y se considera el éxodo más grande en la historia del hemisferio occidental. Hemos ido a Chile, Argentina, Colombia, México, aquí en España y siempre hay venezolanos en las proyecciones, estamos en todos lados.

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Lo que sí nos hemos dado cuenta es que Simón está sirviendo como una terapia colectiva para todos nosotros que nos vemos reflejados en el argumento de la película, porque al final es nuestra historia donde seguimos arrastrando esa culpabilidad de habernos ido y de ser meros observadores de todo lo que sigue pasando en nuestro país. Las proyecciones de Simón crean un espacio donde podemos soltar un poco esa carga emocional que tenemos, y sobre todo un lugar donde perdonarnos por las decisiones que hemos tenido que tomar, por las que no hemos realizado y por lo que hemos hecho y no ha sido suficiente. Son momentos donde entendemos que hay algo noble en todos esos actos y que hay un amor hacia nuestro país, un amor por la libertad y sobre todo, existe un deseo de disfrutar de una vida normal en Venezuela, sin miedo a regresar pensando que a uno lo puedan privar de libertad.

GABRIEL SANZ: Como dice Diego, somos más de ocho millones de exiliados por el mundo entero. Lo que vivimos los venezolanos es una auténtica crisis humanitaria Cuesta mucho que los países a los cuales llegamos, entiendan que estamos en su país no por capricho sino por motivos políticos. Los venezolanos nunca fuimos personas migrantes, pero el sistema en el cual se vive en Venezuela nos ha hecho buscarnos la vida en otros países.

NEXUS: ¿Que visteis en Diego para finalmente financiar la película?

GABRIEL SANZ: Diego para nosotros es como un diamante en bruto que quizás ya se ha pulido con el largometraje. El inicio de su carrera fue con su ópera prima el corto “Simón” y es increíble lo que ha logrado reflejar en pantalla. Él salió de Venezuela hace 15 años y estudió cinematografía en Estados Unidos. Pero está todavía totalmente ligado a Venezuela, sus padres son venezolanos y como todo venezolano que está en el exilio, siempre está hablando de su país, siempre tiene esas ganas de volver a su hogar. Yo creo que fue lo que lo mantuvo atado al país y cuando vio todas estas protestas en el año 2017 es cuando decidió hablar sobre ello de la mejor manera que sabe, con una película. Esa época fue una de las más duras en el país, donde más de cien estudiantes fueron asesinados por el gobierno. Diego ha logrado plasmar, sin estar en Venezuela, una realidad presente en el pueblo venezolano y ese es el granito de arena que aporta a su país.

NEXUS: ¿Cómo logras el equilibrio del film y cómo ideaste ese recurso tan eficaz que son las videollamadas con sus compañeros en Venezuela desde Miami, una conexión entre pasado, presente y posible futuro?

DIEGO VICENTINI: Sí esas videollamadas conceptualmente estuvieron pensadas en solución al contra-plano desde el otro lado de la computadora, Simón debía estar presente allí dentro, en aquel espacio. También hoy en día creo que a todo cineasta le toca la pregunta de ¿Cómo voy a filmar todo lo que hacemos con las pantallas, con celulares, con FaceTime, con Zoom? Me parecía interesante trasladarnos al otro lado de la pantalla como si fuera un juicio, no es que esté sentado, es que los tiene enfrente. El protagonista tenía que ser enjuiciado, tenía que confesar ante los que se han quedado en Venezuela que creo que le pasa a todo venezolano que está en el exilio. A veces sí que es verdad que no quieres reconectar con el país porque sabes que apenas empiezas a abrir esa puerta, comenzarás a enterarte de cosas y te empiezas a preocupar: a mis amigos les falta insulina. En estos momentos vuelve la responsabilidad y tu conciencia te pide que te tienes que ocupar de ello. Venezuela te arrastra otra vez hasta sentirte involucrado de nuevo. Simón no quería hacerlo, pero su pasado le llevó a hablar con ellos, pero es inevitable, porque nunca puedes soltar Venezuela.

NEXUS: ¿Cómo creaste un personaje como Chucho? Porque él es esa voz de la conciencia que el protagonista necesita

DIEGO VICENTINI: La verdad es que con Chucho no tenía la intención de hacer un plot twist sino más bien un carácter twist, o sea, que no cambie para nada la historia. No es simplemente una revelación psicológica del personaje que ya estaba presente mientras estaba en proceso de construcción. ¿Qué es lo peor que le pudo haber pasado a Simón? Y esa era la solución, pero necesitábamos pasar más tiempo con ellos. Su crecimiento no podía ser solo con los flashbacks, entonces surgió que debía pasar más tiempo con él en Miami, y vemos un poco más de esa relación. Esa fue la manera de demostrar la amistad entre ellos. El Chucho que yo buscaba ya lo tenía en mi mente, pero no pensé que iba a medir 1,93. Es la primera actuación de Roberto Jaramillo en cine y hay que reconocer que tiene mucha fuerza, fue increíble encontrarlo. En él está ese balance del que antes hablábamos y existe parte del reflejo personajes secundarios sean algún tipo de reflejo del protagonista. Chucho es como el lado mucho más violento, agresivo, directo, reactivo, impulsivo e inflexible. Lo que entendemos que es esa lucha física aunque después podemos encontrarnos personajes como el de Melissa, que son las más suaves, más diplomáticos a esa lucha, y utiliza otras vías. Al final Simón tiene como su abanico de distintas maneras de luchar y anda reencontrándose.

NEXUS: Tu película es una amalgama de muchas texturas: Miami, manifestaciones, torturas, asambleas

DIEGO VICENTINI: Uno trata primero de ser coherente en la película a nivel de fotografía, de imágenes, de luces y colores, hay una búsqueda de esos presentes y pasados, Venezuela, pasado y presente en Miami. En Venezuela todo lo de las torturas siempre está atado a cierto realismo, pero ahí sí jugamos mucho más al dramático, allí todo es vida o la muerte. Miami es mucho más calmado, allí está tramitando un proceso legal y en Venezuela se está jugando la vida. Por eso hay mucha más intensidad a nivel, incluyendo la manera en que lo iluminamos. Al mismo tiempo sí creo que cuanto más veo la película, más confirmó que ayudan esa estética a contrarrestar un poco lo fuerte de lo que estamos viendo. No quise ser muy gráfico, sabemos que muchas veces la sugerencia es igual de fuerte. Junto a Horacio Martín, el director de fotografía, percibimos que en Miami los colores son super radiantes, azules y verdes eléctricos, por eso decidimos suavizarlo para que no fuese tan radical el contraste. Luego estaban las manifestaciones, inicialmente íbamos a filmarlo en Colombia, tendríamos mil extras con tanquetas e iba a ser una escena muy inmersiva. Pero bueno, vino la pandemia y tuvimos que recortar presupuesto e hicimos una interpretación de la escena con 6 personas, mucho humo y un afán por toma de grabar a 1000 cuadros por segundo. La escena ahora es más como un sueño, mucho más poético, En esos momentos percibimos que para tratar de transmitir el mismo efecto que igual deberíamos cambiar en la edición y en el montaje.

NEXUS: He visto que también eres el montador de la película. ¿Quién es tu montador de referencia?

DIEGO VICENTINI: Siempre todos mis cortos los he escrito, dirigido y montado yo mismo, entonces es como natural para mí, es en definitiva una extensión de la obra. Una referencia a nivel de edición es Animales Nocturnos de Tom Ford porque es una película que tiene unos flashbacks donde nos sumerge en la novela que está leyendo la protagonista y es muy interesante porque te olvidas de la historia principal. Quería que los flashbacks de Simón fuesen de esa manera, que nos fuéramos por un buen rato de Miami y se nos olvidará, pero después volvíamos y recapacitamos de que estamos en el departamento y quería transmitir de nuevo ese nivel de estrés postraumático. Pienso que la gente sufre eso, es como si lo revives de nuevo.

NEXUS: ¿Cómo trabajas con estos actores? Simón está impresionante y Chucho también

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DIEGO VICENTINI: Con Christian McGaffney nace Simón, bueno, él fue Simón en el cortometraje por lo que ya había una relación de amistad. Mientras estaba escribiendo el guion llamaba a Christian y trabajamos los guiones en casa, salíamos a la calle y estudiaba con la cámara su mirada, su manera de caminar, sus manos y así construimos las diferentes capas del personaje de Simón. Christian proviene del teatro y sabe cómo construir el personaje, estuvimos un año trabajando en él. Tenemos dos Simones totalmente opuestos, por una parte, el de Venezuela líder, luchador y por otra parte, el de Miami, reservado tapado, estamos trabajando con un personaje traumatizado que es incapaz de focalizar qué le ocurre, qué fue lo que le pasó. El proceso es una terapia forzada, que describe con detalle qué fue lo que te pasó para justificar por qué estás aquí. Pero en ese Simón apagado de Miami una chispa hace que vuelva a resurgir el Simón proactivo de Venezuela, definitivamente parece que regresa. NEXUS: ¿Qué punto de Simón tiene Digo Vicentini? He leído un par de cosas que me han dejado alucinado. ¿Cómo te atreviste a ir al Festival de cine Venezolano de Mérida?

DIEGO VICENTINI: Bueno, pero para mí era lo mínimo que podía hacer por la película y por Venezuela. Indudablemente, presentar la película en un festival como el Venezolano es una experiencia que deseaba experimentar, es estar presente y ver cómo el público la recibe, porque yo creo en la película, creo en el poder del cine y por eso hice esta película. Mi cabeza pensaba, OK, ya no puedo regresar a mi país, pero creo que es importante hacer esto. Creo que puede tener un impacto real en el mundo, en nuestro país, en la comunidad internacional. Ya estaba dispuesto a no regresar a mi país, pero tal como creo en la película, pensé que es importante estar en los festivales y más teniendo al aparato del gobierno venezolano en contra esta película, hubo muchísimas presiones para que no la escogieran en el Festival, pero yo quería que ganara el festival, porque si ganaba el festival Simón tendría más visibilidad, más posibilidad para que nos escogieran para los Goya o para otros premios. Y todo fue creciendo en mi interior, decidí ir a Venezuela porque sentí que al final esta película no sería un riesgo físico para mí porque realmente vivo en Los Ángeles.

No puedo compararme con los venezolanos que salen a la calle enfrentado a tanquetas y el ejército, pensé que no me iba a quedar por miedo en Los Ángeles. Debía apoyar a mi película y viajar a Venezuela. Tuve la mayor precaución posible sin decírselo a nadie, sin poner nada en redes sociales y pase por la frontera de Colombia por Cúcuta, simplemente llegué y me aparecí en el festival. Participé viendo la película y no te puedo negar que estaba sudando frío estando en Venezuela mientras se estaba proyectando la película. Al día siguiente hicimos la rueda de prensa y teníamos a todos los medios de comunicación atacándonos, hablando que existía la cláusula de la ley contra el odio, que son 10 a 20 años en cárcel. ¡Y nada recibiendo todos los ataques con una sonrisa porque no quedaba otra! Una vez acabada la rueda de prensa le comenté a uno de los organizadores que estaba muy nervioso, y él me dijo “Tranquilo, sé que tienes 13 años sin ir al país, pero no te va a pasar nada. Nadie ha metido preso por una película aquí, yo tengo que manejarme con ellos todos los días, no, no va a pasar nada” Al día siguiente decidí irme, bajé 5 horas a Táchira a media hora en la frontera y al final pensé “Sabes ya que estoy cerca, me voy”. Todavía faltaba un segundo pase de la película y la entrega de premios. Diez minutos antes de cruzar a Colombia esa misma persona con la que había hablado me escribió un mensaje diciéndome que era mejor que abandonase el país. Los últimos 10 minutos en Venezuela fueron pura adrenalina en el carro.

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Llegando a la frontera estaba la Guardia Nacional revisando los pasaportes, pensé en mi diseñador de vestuario que hizo perfecto su trabajo porque era idéntico al vestuario de la película. El Guardia dijo gracias, entregándome mi cédula y ese fue el momento que salí del país, todo muy surreal. Cuando entré a Venezuela por Cúcuta me vino a buscar uno de los muchachos en los que estaba inspirado el personaje de Simón con el cual había tenido varias entrevistas, estaba entrando en el carro con Simón a mi propio país por la frontera. Quedé una noche en su casa y estaba en plena Junta con otros activistas. Eso era lo que faltaba, ellos discutiendo en asamblea como en la película, eso fue un momento espectacular. Escucharlos diciendo frases que estaban en la película me llevó a mostrarles la película. Unos lloraron ahí, era todo realidad y ficción en un mismo momento, ustedes son los personajes en los que me inspiré y a los que quiero honrar. Una de las muchachas me dijo que había estado un poco desanimada ya con la lucha y que con ver la película me dijo: “Me acabas de reactivar mi sentido de lucha. Ha sido como un ciclo vital en el que ellos me inspiraron a mí hacer esta película y ahora les puedo mostrar mi película para que vieran el resultado de su lucha.» Como que una película, la misma película, estaba volviéndose a sí misma

NEXUS: Me das envidia porque tu película habla de lucha y tú estás involucrado en esa misma causa

DIEGO VICENTINI: Lo he pensado y no sé qué va a significar para mí otra película, porque esto es muy fuerte, es parte de la historia de un pueblo oprimido que me han relatado los verdaderos protagonistas. Ayer nos presentamos en Valencia y un señor de 50 años se le comenzó a quebrar la voz y llorando dijo: “Yo entiendo a Simón, yo cargo con la misma culpa, un amigo mío, compañero, padre de tres hijas. Un tipo muy tranquilo en las protestas y yo lo animé para que saliera, entonces los colectivos lo agarraron, encadenaron sus pies, lo arrastraron por una cuadra y después cuando terminaron, le pegaron un tiro en la cabeza, lo mataron. Yo fui el que lo empujé para que saliera en la protesta y vivo con esa culpa todos los días”. Durante todas las proyecciones no había ninguna donde alguien explicara que había sido torturado, una tortura suena como la cosa más extrema y única.

GABRIEL SANZ: Hay muchos periodistas que no lo pueden comentar, pero existe todo aquello que vemos en la película y debe ser conocido a nivel internacional, porque desde el país no tiene esa repercusión. Conocemos a personas que los llevan a lugares que le llaman el infierno. Durante una de las presentaciones, se nos acercó otra persona que nos dijo “Estuve cuatro años encerrado por no estar de acuerdo y hacer comentarios contra el gobierno. Estuvo encerrado en un cuarto de 4 m por 4 m, sin una ventana, con las luces apagadas todo el tiempo y sin ver absolutamente a nadie”. Calcula que estuvo más de 2 años sin ver a nadie. Apagaban las luces y dejaban un plato de comida una vez al día se untaba crema con antibiótico por todo el cuerpo para no enfermar.

NEXUS: Eso es uno de los grandes logros de la película que viéndola no queda duda de que todo lo que se está explicando es realidad.

DIEGO VICENTINI: La película está siendo muy especial con los venezolanos, es como esta terapia, pero no tan solo para los ciudadanos de mi país. El otro día en un foro de cine en Ecuador una persona se levantó y nos dijo: “En nombre de Ecuador a todos los venezolanos que están aquí, perdón si lo hemos tratado mal, desde que llegaron, no hemos sido empáticos, discúlpenme. También ha pasado en Lima cuando una señora dijo algo parecido” Ahora los entiendo, mis hermanos venezolanos que necesitan nuestra empatía y nuestro cariño

Saber en tiempo real es el poder del cine, es el efecto de una hora y media de fabricación de sentimientos. Estas personas que viven en un país donde hay muchos venezolanos ahora quizás su interacción va a ser distinta, su perspectiva también y eso es muy gratificante, de verdad.

NEXUS: Me has llevado al cine político, al cine de denuncia tan necesario en esta época que estamos viviendo y a la vez me has llevado a una verdad que se nos oculta que no se quiere mostrar pero que está allí presente, pero como una película desarrollando su dramaturgia

DIEGO VICENTINI: Al final lo que conecta es lo humano, la película no es un documental y tienes que entretener y conectar con algo. Mientras escribía me preguntaba cómo hacerlo para que fuera lo más antipolítico posible, aunque obviamente el contexto es totalmente político. Quiero explicar tanto y contar tanto lo que pasa en Venezuela y quienes son los responsables que de repente tenía un diálogo que era pura exposición e información y ese no era el camino, debía eliminar y buscar que era más fundamental para mí, lo más universal: derechos humanos, tortura, medicina, medicamentos. Sabes, en la película yo no digo ni izquierda ni derecha, ni nombro a nadie, porque no se trata de eso. La realidad es que se trata de un hombre lidiando con la pérdida, con el trauma y que busca perdonarse a sí mismo, buscando vocalizar lo que le pasa en un trasfondo bueno. O sea, todo esto es mucho más grande que todo un país, pero representaba esa carga emocional de Simón.

GABRIEL SANZ: Hay escenas que todavía me impactan, me duelen y las lloro, las escenas de desesperación de Simón que está siempre en lucha continuamente consigo mismo, de saber qué es lo correcto: si continuar o regresar, sentirse un traidor por no estar. Muchas veces me siento Simón por saber que no regresaré a mi país. Pero al final surge ese sentimiento de que sea como sea, tengo que luchar en el extranjero para poder vivir, porque sé que no puedo regresar a casa. Creo que eso es lo más doloroso que puede sentir una persona. Saber que no puedes regresar a tu patria, a tu tierra, a tu hogar, ver a tus familiares y amigos, así que mira tomé el riesgo y lo tomaría una y mil veces más para aportar un poco más de esperanza a la vida de mi país.

NEXUS: ¿Realmente conoces alguna historia en la que un torturado se encontró a un torturador en Miami?

DIEGO VICENTINI: Sí, eso fue en una historia que me explicaron en Miami. Un preso político se encontró a su torturador haciendo las compras en un Supermercado y su reacción fue quedarse congelado y salir corriendo. Pero ese momento se me quedó grabado, esa indignación, ese tipo me torturó y ahora está haciendo compras en Miami. En la diáspora del pueblo venezolano hubo un momento en el que se organizaron scratching, cuando los venezolanos que habían huido del país se encontraban con alguien del Gobierno en cualquier lugar del mundo y la gente grababa y le gritaba y lo sacaba del lugar para que pasaran vergüenza: “Estás aquí en Madrid comiendo en un restaurante mientras el país se está muriendo de necesidades.

NEXUS: Se que te costará levantar después un nuevo proyecto, pero veo algo tan increíble como que representes en los Goya a Venezuela con una película como esta. ¿Cómo fue?

DIEGO VICENTINI: Es una locura que podamos estar aquí en nombre de Venezuela con esta película, al final representamos a Venezuela en los Goya por el simple hecho de que la Academia del cine Venezolano es independiente, fueron los académicos que votaron en su plataforma y cuando hay democracia ocurren estas cosas. Para los Oscars fue distinto, fue como más institucional, donde el gobierno…  Fue todo muy complicado porque necesitamos el certificado de nacionalidad, ese sí era como el punto clave donde necesitamos pasar por el CNAC, que es el gobierno. Para conseguir el certificado teníamos todos los requisitos: director venezolano, escritor venezolano, elenco venezolano, equipo técnico venezolano y que la historia fuera sobre Venezuela,

Al final sí que hubo algunas cosas que no le piden a nadie, pero las teníamos todas.  Nos dieron el certificado y ahí es que está la cláusula de que, no obstante, la película puede estar en violación de la ley contra el odio y convivencia pacífica. El artículo 20, que son 10 a 20 años en cárcel. Pero a pesar de todo finalmente nos dieron el certificado, con eso pudimos conseguir distribuidora para al menos tener el film dos semanas en cartelera y poder optar a premios internacionales. Hubo mucha gente especulado porque le han permitido y porque no la censuraron.

Yo la escribí pensando que la iban a censurar y más bien fue lo mejor porque no se trata de ser sutil. Mucha gente ha especulado, lo que yo creo es que han aprendido porque han censurado otras películas en el pasado, una película de zombies llamada Infección y el resultado fue que hubo más prensa, más atención. Ahora viene un año electoral y no tienen la necesidad, especialmente porque si ves los últimos dos años, el número de espectadores de películas venezolanas es de cinco mil personas. Nadie está yendo al cine a ver películas con la economía después de la pandemia y menos películas venezolanas. por eso creo que la apuesta del Gobierno fue dejar que se estrene y si le va muy bien tendrá siete mil u ocho mil espectadores, no hay necesidad. La sorpresa ha sido que ya van ciento catorce mil personas que la han visto y es la película más taquillera en los últimos seis años en Venezuela, creo que no se esperaban ese boca a boca tan fuerte.

GABRIEL SANZ: Complementado lo que dice Diego, cumplimos 19 semanas en la cartelera de Venezuela, pero ¿cómo es posible? Creo que el gobierno sabía que, si nos restringía, si nos censuraba, iba a ser mucho más el escándalo que la que se estaba generando.

Y lo que está ocurriendo es que ahora mismo estamos en España representando a Venezuela en los premios Goya. Y la película sigue creciendo y creciendo, hemos podido estrenar en Chile, en Panamá, en Argentina, en México, en Colombia, en Puerto Rico, Costa Rica, en Estados Unidos, estamos estrenando en cartelera en España. Así que espero que siga llegando esa piedra que hemos lanzado. Realmente no sabíamos el impacto que podíamos generar realmente, no creo que nadie en la producción te pueda decir que sabíamos el alcance de lo que estábamos construyendo. Y una vez finalizada estamos buscando hacer algo grande porque creemos que Simón debe ser vista a nivel global. No por lo que podamos hacer en taquilla tiene que ser vista porque la gente tiene que entender lo peligroso que es tener este tipo de gobierno en nuestro país.

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